Oliver Twist
Oliver Twist Después de larga discusión, en la cual tomaron parte los tres personajes presentes, decidióse que al día siguiente por la noche, iría Anita a la casa del judío a fin de llevarse a Oliver, quien era de esperar siguiese de mejor grado a la joven que a ninguna otra persona, toda vez que muy recientemente había aquélla roto lanzas en su favor. Estipulóse formalmente que el desdichado Oliver sería abandonado en absoluto y sin reservas, en todo lo que con la expedición en proyecto tenía relación, a los cuidados solícitos y vigilancia del señor Guillermo Sikes. Además, el repetido Sikes trataría al muchacho en la forma que estimase oportuno, no siendo responsable en ningún caso ante el judío de nada de cuanto a aquél le ocurriese, y bastando, una vez acallada la empresa, que las manifestaciones de Sikes fueran confirmadas, en los detalles de importancia, por el testimonio del seductor Tomás Crackit.
Convenidos y puestos de acuerdo sobre todos los puntos, Sikes comenzó a trasegar sin tasa vasos de aguardiente, blandiendo de una manera alarmante la tranca, aullando como un condenado y cantando a voz en cuello aires musicales que alternaba con terribles blasfemias. Al fin, en un acceso de entusiasmo profesional, se empeñó en exhibir su caja de herramientas del oficio; pero no bien la hubo abierto con ánimo de explicar el uso y propiedades de los variados instrumentos que contenía, cayó rodando al suelo y quedó dormido al instante.