Oliver Twist
Oliver Twist Conversaron durante algún tiempo en voz baja. Aunque sólo contadas palabras sueltas, pero cualquier persona habrÃa comprendido sin gran esfuerzo que FajÃn procuraba defenderse contra cargos formulados por su interlocutor, y que éste se encontraba en momentos de violenta irritación. DurarÃa la conferencia sobre un cuarto de hora, o más, cuando Monks, que con este apellido habÃa designado el judÃo al desconocido varias veces en el curso de su coloquio, alzando un poquito el diapasón, dijo:
—Repito que ha sido un desatino. ¿Por qué no haberle guardado aquà con los demás, y hacer de él un raterillo distinguido?
—Porque no siempre consigue uno lo que se propone —replicó FajÃn encogiéndose de hombros.
—¿Pretenderá usted hacerme creer que se lo ha propuesto y no lo ha logrado? —preguntó con acento duro Monks—. ¿No lo ha conseguido cien veces con otros tantos muchachos? Si usted hubiera tenido paciencia, antes de un año le habrÃa hecho caer en manos de la justicia, convicto y confeso, y habrÃa salido del reino, condenado tal vez a cadena perpetua.
—¿Y a quién hubiera aprovechado eso, amigo mÃo?
—A mÃ.
—Pero no a mÃ, y si no estoy equivocado, cuando las partes contratantes son dos, deben consultarse los intereses de entrambas; ¿digo bien, amigo mÃo?