Oliver Twist
Oliver Twist —¡No, no! ¡Me guardaré muy mucho de culparte, amigo mÃo! Tampoco me quejo… Antes bien debo alegrarme de que ocurriera lo que ocurrió. Gracias al incidente en cuestión reparaste en el chico y pudimos descubrir al cabo que era precisamente el mismo que con tanto afán y desde tanto tiempo antes venÃamos buscando. ¡Lo que son las cosas! A Anita somos deudores de haberlo recuperado, y ahora Anita es la que se declara en favor suyo.
—¡Retuérzale el pescuezo —exclamó Monks con cólera.
—No podemos hacerlo en este momento, amigo mÃo —replicó sonriendo el judÃo—. Además, no entran en nuestros proyectos esa clase de soluciones, que si entraran, probablemente estarÃa ya hecho lo que dices. Sé muy bien lo que son esas muchachas, Monks. En cuanto el chico tome gusto al asunto, no vuelve Anita a acordarse ni del santo de su nombre. ¿Quieres hacer de él un ladrón? ¡Perfectamente! Si vive, yo te aseguro que lo será; Y si… si… si lo que no es probable, aunque conviene ponerse siempre en lo peor, si… ha muerto…