Oliver Twist
Oliver Twist —¡No! ¡Claro que no! ¡Dios conserve la vista perspicaz de las de su sexo! Jamás saben ver más que uno de los lados de las cosas, y el lado que ven, es el primero que ha sabido herir su imaginación.
Formulada esta máxima filosófica, el buen doctor hundió nuevamente las manos en los bolsillos y dióse a pasear la habitación con mayor rapidez que nunca.
—Cuantas más vueltas doy al asunto, más me afianzo en la creencia de que poner a esos hombres al corriente de la historia de ese muchacho, no servirá más que para embrollar el asunto y pará agravar las dificultades. Seguro estoy de que no creerán nada; y aun admitiendo que nada probasen en definitiva contra él, y resultase absuelto, la publicidad de las sospechas serÃa obstáculo formidable a la realización de las generosas intenciones de ustedes, encaminadas a salvarle de la miseria.
—¡Oh! ¿Qué hacemos, pues? —exclamó Rosa—. ¿Por qué enviarÃan a buscar a esas gentes, Dios mÃo?
—Eso pregunto yo; ¿por qué? —repitió la señora Maylie—. DarÃa cualquier cosa por verlos a cien leguas de aquÃ.