Oliver Twist
Oliver Twist El fúnebre tañido de la campana de la iglesia vino a cortar con cruel brusquedad los pensamientos del muchacho… ¡Otro tañido!… ¡Otro!… ¡Doblan a muerto! Un grupo de aldeanos franquearon las puertas del lúgubre recinto… Llevaban cintas blancas, prueba de que el cadáver era de persona joven. Detuviéronse al borde de una sepultura, descubiertas las cabezas… Entre ellos iba una madre… ¡madre que habÃa dejado ya de serlo!… Todos lloraban, y, sin embargo, el sol brillaba con el mismo esplendor, v los pajarillos, cantaban alegres, y la Naturaleza reÃa…
Oliver volvió a la casa, pensando en los muchos favores que la señorita le habÃa prodigado y haciendo votos porque se le presentasen nuevas ocasiones de demostrar cuán grandes eran su gratitud y su adhesión. Nada tenÃa que echarse en cara con respecto a negligencias u olvidos por su parte, pues al servicio de su angelical bienhechora se habÃa consagrado en absoluto, y, sin embargo, alzáronse ante sus ojos cien ocasiones en que creyó que pudo mostrar más celo, y muy de veras lamentó no haberlo mostrado.