Oliver Twist
Oliver Twist —¡Sólo arrancándome de un golpe la vida podrÃa servirme, señorita! —exclamó la infeliz, retorciéndose las manos—. La conciencia de lo que soy me ha hecho sufrir esta noche torturas más acerbas que nunca, y algo saldrÃa ganando si no muriera en el infierno en que siempre he vivido. ¡Dios la colme de bendiciones, señorita, y derrame sobre su cabeza tanta dicha como vergüenza he acumulado yo sobre la mÃa!
Hablando de esta suerte y sollozando con desesperación, salió la desventurada Anita, mientras Rosa dolorosamente afectada por aquella extraña entrevista, más semejante a una pesadilla que a un incidente de la vida real, se dejó caer en una butaca e hizo lo posible para recoger y poner en orden sus confusos pensamientos.