Crimen y Castigo
Crimen y Castigo De pronto se oye gran algazara en la taberna, de donde se ve salir, entre cantos y gritos, un grupo de corpulentos mujiks embriagados, luciendo camisas rojas y azules, con la balalaika en la mano y la casaca colgada descuidadamente en el hombro.
‑¡Subid, subid todos! ‑grita un hombre todavÃa joven, de grueso cuello, cara mofletuda y tez de un rojo de zanahoria‑. Os llevaré a todos. ¡Subid!
Estas palabras provocan exclamaciones y risas.
‑¿Creéis que podrá con nosotros ese esmirriado rocÃn?
‑¿Has perdido la cabeza, Mikolka? ¡Enganchar una bestezuela asà a semejante carreta!
‑¿No os parece, amigos, que ese caballejo tiene lo menos veinte años?
‑¡Subid! ¡Os llevaré a todos! ‑vuelve a gritar Mikolka.
Y es el primero que sube a la carreta. Coge las riendas y su corpachón se instala en el pescante.
‑El caballo bayo ‑dice a grandes voces‑ se lo llevó hace poco Mathiev, y esta bestezuela es una verdadera pesadilla para mÃ. Me gusta pegarle, palabra de honor. No se gana el pienso que se come. ¡Hala, subid! lo haré galopar, os aseguro que lo haré galopar.
Empuña el látigo y se dispone, con evidente placer, a fustigar al animalito.