Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Soy yo quien ha de decidir tener paciencia o vender inmediatamente el objeto empeñado, jovencito!
‑¿Me dará una buena cantidad por el reloj, Alena Ivanovna?
‑¡Pero si me trae usted una miseria! Este reloj no vale nada, mi buen amigo. La vez pasada le di dos hermosos billetes por un anillo que podÃa obtenerse nuevo en una joyerÃa por sólo rublo y medio.
‑Déme cuatro rublos y lo desempeñaré. Es un recuerdo de mi padre. Recibiré dinero de un momento a otro.
‑Rublo y medio, y le descontaré los intereses.
‑¡Rublo y medio! ‑exclamó el joven.
‑Si no le parece bien, se lo lleva.
Y la vieja le devolvió el reloj. Él lo cogió y se dispuso a salir, indignado; pero, de pronto, cayó en la cuenta de que la vieja usurera era su último recurso y de que habÃa ido allà para otra cosa.
‑Venga el dinero ‑dijo secamente.
La vieja sacó unas llaves del bolsillo y pasó a la habitación inmediata.
Al quedar a solas, el joven empezó a reflexionar, mientras aguzaba el oÃdo. HacÃa deducciones. Oyó abrir la cómoda.