Crimen y Castigo
Crimen y Castigo «Sin duda, el cajón de arriba ‑dedujo‑. Lleva las llaves en el bolsillo derecho. Un manojo de llaves en un anillo de acero. Hay una mayor que las otras y que tiene el paletón dentado. Seguramente no es de la cómoda. Por lo tanto, hay una caja, tal vez una caja de caudales. Las llaves de las cajas de caudales suelen tener esa forma… ¡Ah, qué innoble es todo esto!»
La vieja reapareció.
‑Aquà tiene, amigo mÃo. A diez kopeks por rublo y por mes, los intereses del rublo y medio son quince kopeks, que cobro por adelantado. Además, por los dos rublos del préstamo anterior he de descontar veinte kopeks para el mes que empieza, lo que hace un total de treinta y cinco kopeks. Por lo tanto, usted ha de recibir por su reloj un rublo y quince kopeks. Aquà los tiene.
‑AsÃ, ¿todo ha quedado reducido a un rublo y quince kopeks?
‑Exactamente.
El joven cogió el dinero. No querÃa discutir. Miraba a la vieja y no mostraba ninguna prisa por marcharse. ParecÃa deseoso de hacer o decir algo, aunque ni él mismo sabÃa exactamente qué.
‑Es posible, Alena Ivanovna, que le traiga muy pronto otro objeto de plata… Una bonita pitillera que le presté a un amigo. En cuanto me la devuelva…
Se detuvo, turbado.