Crimen y Castigo

Crimen y Castigo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Todo esto fue dicho con precipitación creciente, pero un acceso de tos puso de pronto fin a la elocuencia de Catalina Ivanovna. En este momento, el moribundo recobró el conocimiento y lanzó un gemido. Su esposa corrió hacia él. Marmeladof había abierto los ojos y miraba con expresión inconsciente a Raskolnikof, que estaba inclinado sobre él. Su respiración era lenta y penosa; la sangre teñía las comisuras de sus labios, y su frente estaba cubierta de sudor. No reconoció al joven; sus ojos empezaron a errar febrilmente por toda la estancia. Catalina Ivanovna le dirigió una mirada triste y severa, y las lágrimas fluyeron de sus ojos.

‑¡Señor, tiene el pecho hundido! ¡Cuánta sangre! ¡Cuánta sangre! ‑exclamó en un tono de desesperación‑. Hay que quitarle las ropas. Vuélvete un poco, Simón Zaharevitch, si te es posible.

Marmeladof la reconoció.

‑Un sacerdote ‑pidió con voz ronca.

Catalina Ivanovna se fue hacia la ventana, apoyó la frente en el cristal y exclamó, desesperada:

‑¡Ah, vida tres veces maldita!

‑Un sacerdote ‑repitió el moribundo, tras una breve pausa.

‑¡Silencio! ‑le dijo Catalina Ivanovna.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker