Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Ha dicho usted muchas verdades, pero yo no estoy de acuerdo con usted en todos los puntos.
Apenas había terminado de pronunciar estas palabras, lanzó un grito de dolor provocado por un apretón de manos demasiado enérgico.
Rasumikhine exclamó, en el colmo del entusiasmo:
‑¡Ha reconocido usted que tengo razón! Después de esto, no puedo menos de declarar que es usted un manantial de bondad, de buen juicio, de pureza y de perfección. Déme su mano, ¡démela… ! Y usted déme también la suya. Quiero besarlas. Ahora mismo y de rodillas.
Y se arrodilló en medio de la acera, afortunadamente desierta a aquella hora.
‑¡Basta, por favor! ¿Qué hace usted? ‑exclamó, alarmada, Pulqueria Alejandrovna.
‑¡Levántese, levántese! ‑dijo Dunia, entre divertida e inquieta.