Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Bah! Hablando sinceramente, ya lo he olvidado todo. Era una muchacha enfermiza ‑añadió, pensativo y bajando la cabeza‑ y, además, muy pobre. También era muy piadosa: soñaba con la vida conventual. Un dÃa, incluso se echó a llorar al hablarme de esto… SÃ, sÃ; lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente… Era fea… En realidad, no sé qué atractivo veÃa en ella… Yo creo que si hubiese sido jorobada o coja, la habrÃa querido todavÃa más.
Quedó pensativo, sonriendo, y terminó:
‑Aquello no tuvo importancia: fue una locura pasajera…
‑No, no fue simplemente una locura pasajera ‑dijo Dunetchka, convencida.
Raskolnikof miró a su hermana atentamente, como si no hubiese comprendido sus palabras. Acaso ni siquiera las habÃa oÃdo. Luego se levantó, todavÃa absorto, fue a abrazar a su madre y volvió a su sitio.
‑¿La amas aún? ‑preguntó Pulqueria Alejandrovna, enternecida.
‑¿A ella? ¿Ahora… ? SÃ… Pero… No, no. Me parece que todo eso pasó en otro mundo… ¡Hace ya tanto tiempo que ocurrió… ! Por otra parte, la misma impresión me produce todo cuanto me rodea.
Y los miró a todos atentamente.