Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Tengo algo que decirte, Dunia ‑manifestó secamente y con grave semblante‑. Te ruego que me excuses por la escena de ayer, pero considero un deber recordarte que mantengo los términos de mi dilema: Lujine o yo. Yo puedo ser un infame, pero no quiero que tú lo seas. Con un miserable hay suficiente. De modo que si te casas con Lujine, dejaré de considerarte hermana mÃa.
‑¡Pero Rodia! ¿Otra vez las ideas de anoche? ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna‑. ¿Por qué lo crees infame? No puedo soportarlo. Lo mismo dijiste ayer.
‑Óyeme, Rodia ‑repuso Dunetchka firmemente y en un tono tan seco como el de su hermano‑, la discrepancia que nos separa procede de un error tuyo. He reflexionado sobre ello esta noche y he descubierto ese error. La causa de todo es que tú supones que yo me sacrifico por alguien. Ésa es tu equivocación. Yo me caso por mÃ, porque la vida me parece demasiado difÃcil. Desde luego, seré muy feliz si puedo ser útil a los mÃos, pero no es éste el motivo principal de mi determinación.
«Miente ‑se dijo Raskolnikof, mordiéndose los labios en un arranque de rabia‑. ¡La muy orgullosa… ! No quiere confesar su propósito de ser mi bienhechora. ¡Qué caracteres tan viles! Su amor se parece al odio. ¡Cómo los detesto a todos!»