Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑En una palabra ‑continuó Dunia‑, me caso con Piotr Petrovitch porque de dos males he escogido el menor. Tengo la intención de cumplir lealmente todo lo que él espera de mÃ; por lo tanto, no te engaño. ¿Por qué sonrÃes?
Dunia enrojeció y un relámpago de cólera brilló en sus ojos.
‑¿Dices que lo cumplirás todo? ‑preguntó Raskolnikof con aviesa sonrisa.
‑Hasta cierto punto, Piotr Petrovitch ha pedido mi mano de un modo que me ha revelado claramente lo que espera de mÃ. Ciertamente, tiene una alta opinión de sà mismo, acaso demasiado alta; pero confÃo en que sabrá apreciarme a mà igualmente… ¿Por qué vuelves a reÃrte?
‑¿Y tú por qué te sonrojas? Tú mientes, Dunia; mientes por obstinación femenina, para que no pueda parecer que te has dejado convencer por mÃ… Tú no puedes estimar a Lujine. Lo he visto, he hablado con él. Por lo tanto, te casas por interés, te vendes. De cualquier modo que la mires, tu decisión es una vileza. Me siento feliz de ver que todavÃa eres capaz de enrojecer.