Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Sin esa influencia -respondió Porfirio Petrovitch‑. No se trata de eso. En el artÃculo que comentamos se divide a los hombres en dos clases: seres ordinarios y seres extraordinarios. Los ordinarios han de vivir en la obediencia y no tienen derecho a faltar a las leyes, por el simple hecho de ser ordinarios. En cambio, los individuos extraordinarios están autorizados a cometer toda clase de crÃmenes y a violar todas las leyes, sin más razón que la de ser extraordinarios. Es esto lo que usted decÃa, si no me equivoco.
‑¡Es imposible que haya dicho eso! ‑balbuceó Rasumikhine.
Raskolnikof volvió a sonreÃr. Habia comprendido inmediatamente la intención de Porfirio y lo que éste pretendÃa hacerle decir. Y, recordando perfectamente lo que habia dicho en su artÃculo, aceptó el reto.
‑No es eso exactamente lo que dije -comenzó en un tono natural y modesto‑. Confieso, sin embargo, que ha captado usted mi modo de pensar, no ya aproximadamente, sino con bastante exactitud.
Y, al decir esto, parecÃa experimentar cierto placer.