Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Y usted cómo se ha enterado de que el artÃculo era mÃo? lo firmé con una inicial.
‑Fue por casualidad. Conozco al redactor jefe, le vi hace poco, y como su artÃculo me habia interesado tanto…
‑Recuerdo que estudiaba en él el estado anÃmico del criminal mientras cometÃa el crimen.
‑SÃ, y ponÃa gran empeño en demostrar que el culpable, en esos momentos, es un enfermo. Es una tesis original, pero en verdad no es esta parte de su articulo la que me interesó especialmente, sino cierta idea que deslizaba al final. Es lamentable que se limitara usted a indicarla vaga y someramente… Si tiene usted buena memoria, se acordará de que insinuaba usted que hay seres que pueden, mejor dicho, que tienen pleno derecho a cometer toda clase de actos criminales, y a los que no puede aplicárseles la ley.
Raskolnikof sonrió ante esta pérfida interpretación de su pensamiento.
‑¿Cómo, cómo? ¿El derecho al crimen? ¿Y sin estar bajo la influencia irresistible del miedo? ‑preguntó Rasumikhine, no sin cierto terror.