Crimen y Castigo
Crimen y Castigo
Debo de estar soñando todavÃa ‑volvió a pensar Raskolnikof, contemplando al inesperado visitante con atención y desconfianza‑ ¡Svidrigailof! ¡Qué cosa tan absurda!»
‑No es posible ‑dijo en voz alta, dejándose llevar de su estupor.
El visitante no mostró sorpresa alguna ante esta exclamación.
‑He venido a verle ‑dijo‑ por dos razones. En primer lugar, deseaba conocerle personalmente, pues he oÃdo hablar mucho de usted y en los términos más halagadores. En segundo lugar, porque confÃo en que no me negará usted su ayuda para llevar a cabo un proyecto relacionado con su hermana Avdotia Romanovna. Solo, sin recomendación alguna, serÃa muy probable que su hermana me pusiera en la puerta, en estos momentos en que está llena de prevenciones contra mÃ. En cambio, contando con la ayuda de usted, yo creo…
‑No espere que le ayude ‑le interrumpió Raskolnikof.
‑PermÃtame una pregunta. Hasta ayer no llegaron su madre y su hermana, ¿verdad?
Raskolnikof no contestó.
