Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Por qué han de regresar ustedes al pueblo? ‑exclamó el estudiante, dejándose llevar de buen grado del entusiasmo que se habÃa apoderado de él‑. ¿Qué harán ustedes en ese villorrio? Deben ustedes permanecer aquà todos juntos, pues son indispensables el uno al otro, no me lo negarán. Por lo menos, deben quedarse aquà una temporada. En lo que a mà concierne, acéptenme como amigo y como socio y les aseguro que montaremos un negocio excelente. Escúchenme: voy a exponerles mi proyecto con todo detalle. Es una idea que se me ha ocurrido esta mañana, cuando nada habÃa sucedido todavÃa. Se trata de lo siguiente: yo tengo un tÃo (que ya les presentaré y que es un viejo tan simpático como respetable) que tiene un capital de mil rublos y vive de una pensión que le basta para cubrir sus necesidades. Desde hace dos años no cesa de insistir en que yo acepte sus mil rublos como préstamo con el seis por ciento de interés. Esto es un truco: lo que él desea es ayudarme. El año pasado yo no necesitaba dinero, pero este año voy a aceptar el préstamo. A estos mil rublos añaden ustedes mil de los suyos, y ya tenemos para empezar. Bueno, ya somos socios. ¿Qué hacemos ahora?