Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Hoy, hoy ‑murmuró‑. Hoy mismo. Es necesario…
Ya se disponÃa a abrir la puerta, cuando ésta se abrió sin que él la tocase. Se estremeció y retrocedió rápidamente. La puerta se fue abriendo poco a poco, sin ruido, y de súbito apareció la figura del personaje del dÃa anterior, del hombre que parecÃa haber surgido de la tierra.
El desconocido se detuvo en el umbral, miró en silencio a Raskolnikof y dio un paso hacia el interior del aposento.
VestÃa exactamente igual que la vÃspera, pero su semblante y la expresión de su mirada habÃan cambiado. ParecÃa profundamente apenado. Tras unos segundos de silencio, lanzó un suspiro. Sólo le faltaba llevarse la mano a la mejilla y volver la cabeza para parecer una pobre mujer desolada.
‑¿Qué desea usted? ‑preguntó Raskolnikof, paralizado de espanto.
El recién llegado no contestó. De pronto hizo una reverencia tan profunda, que su mano derecha tocó el suelo.
‑¿Qué hace usted? ‑exclamó Raskolnikof.
‑Me siento culpable ‑dijo el desconocido en voz baja.
‑¿De qué?