Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Cómo! ¿Dice que me ha invitado también a mÃ? ¿Cuándo? No recuerdo… No pienso ir… ¿Qué papel harÃa yo en esa casa? Yo sólo crucé unas palabras con esa mujer para decirle que, como viuda pobre de un funcionario, podrÃa obtener en concepto de socorro una cantidad equivalente a un año de sueldo del difunto. ¿Me habrá invitado por eso? ¡Je, je!
‑Yo tampoco pienso ir -dijo Lebeziatnikof.
‑SerÃa el colmo que fuera usted. Después de haber dado una paliza a esa señora, comprendo que no se atreva a ir a su casa.¡Je, je, je!
‑¿Qué yo le di una paliza? ¿Quién se lo ha dicho? ‑exclamó Lebeziatnikof, turbado y enrojeciendo.
‑Me lo contaron ayer: hace un mes o cosa asÃ, usted golpeó a Catalina Ivanovna… ¡Asà son sus convicciones! Usted dejó a un lado su feminismo por un momento. ¡Je, je, je!
Piotr Petrovitch, que parecÃa muy satisfecho después de lo que acababa de decir, volvió a sus cuentas.