Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Acaba de invitarme usted a hablar con franqueza ‑dijo Svidrigailof sonriendo‑, y a la primera pregunta que le dirijo me contesta con una evasiva. Usted cree que yo lo hago todo con una segunda intención y me mira con desconfianza. Es una actitud que se comprende, dada su situación; pero, por mucho que sea mi deseo de estar en buenas relaciones con usted, no me tomaré la molestia de engañarle. No vale la pena. Por otra parte, no tengo nada de particular que decirle.
‑Siendo asÃ, ¿por qué ese empeño en verme? Pues usted está siempre dando vueltas a mi alrededor.