Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Usted es un hombre curioso y resulta interesante observarlo. Me seduce lo que su situación tiene de fantástica. Además, es usted hermano de una mujer que me interesó mucho. Y, en fin, tiempo atrás me habló tanto de usted esa mujer, que llegué a la conclusión de que ejercÃa usted una fuerte influencia sobre ella. Me parece que son motivos suficientes. ¡Je, je! Sin embargo, le confieso que su pregunta me parece tan compleja, que me es difÃcil responderle. Ahora mismo, si usted ha venido a verme, no ha sido por ningún asunto determinado, sino con la esperanza de que yo le diga algo nuevo. ¿No es asÃ? Confiéselo ‑le invitó Svidrigailof con una pérfida sonrisita‑. Bien, pues se da el caso de que también yo, cuando el tren me traÃa a Petersburgo, alimentaba la esperanza de conocer cosas nuevas por usted, de sonsacarle algo.
‑¿Qué me podÃa sonsacar?