Diario de un escritor
Diario de un escritor El 15 de octubre se dictó sentencia contra esa madrastra que, como recordaréis, hace seis meses, en el mes de mayo, arrojó por la ventana de un cuarto piso a su pequeña hijastra, una niña de seis años, que milagrosamente salió ilesa. Esa madrastra, una campesina de veinte años llamada Yekaterina Kornílova, se había casado con un viudo que, según ha declarado ella misma, la reñía, no le permitía visitar a sus deudos, ni tampoco los recibía en su casa, no paraba de alabar a su difunta esposa, diciendo que sabía llevar mejor la casa, etc. En una palabra, «se había conducido con ella de tal modo que había dejado de amarlo», y para vengarse de él se le ocurrió la idea de arrojar por la ventana a la hija que había tenido con su primera esposa, a la que siempre estaba poniéndole de ejemplo, y así lo hizo. En suma, la historia —excepto la salvación milagrosa de la niña— parece bastante sencilla y clara. El tribunal consideró el caso desde ese punto de vista, es decir, como si se tratara de un asunto muy «sencillo», y también del modo más sencillo condenó a Yekaterina Kornílova, «que en el momento de cometer el crimen tenía más de diecisiete años y menos de veinte, a dos años y ocho meses de trabajos forzados, a cuyo término quedará relegada de por vida a Siberia».