Diario de un escritor
Diario de un escritor He leído Tierras vírgenes de Turguénev y espero la segunda parte. A propósito: llevo escribiendo treinta años y a lo largo de ese tiempo me ha venido varias veces a la cabeza una divertida observación. Todos nuestros críticos (y sigo la vida literaria desde hace casi cuarenta años), tanto los actuales como los ya fallecidos; en suma, todos los que recuerdo, tanto los de antes como los de ahora, en cuanto se ponen a examinar la literatura contemporánea con cierta solemnidad (antaño, por ejemplo, las revistas publicaban en enero reseñas de todo el año anterior), siempre acaban recurriendo, poco más o menos, a la misma frase, que estampan con gran delectación: «En esta época en que la literatura ha llegado a tal grado de estancamiento», «En esta época de marasmo literario», «Deambulando por el desierto de las bellas letras rusas», etc. Mil variantes de una misma idea. Pero es el caso que a lo largo de esos cuarenta años aparecieron las últimas obras de Pushkin, Gógol inició y concluyó su actividad, Lérmontov escribió sus obras, surgieron Ostrovski, Turguénev, Goncharov y al menos una decena más de autores de gran talento. ¡Y eso sólo en el campo de la literatura! Puede decirse con toda razón que apenas hay ejemplo de otra literatura en la que hayan aparecido, en un lapso de tiempo tan breve, tantos escritores de talento, y además de manera tan seguida, sin solución de continuidad. Y sin embargo, todavía hoy sigue hablándose (me parece que fue el mes pasado cuando me topé con un comentario al respecto) del marasmo de la literatura rusa y del «desierto de las bellas letras rusas». Por lo demás, sólo se trata de una observación divertida por mi parte, de algo completamente inocente y sin la menor importancia. Y siendo así, podemos reírnos un poco.