Diario de un escritor
Diario de un escritor No, no es eso. Aquà me veo obligado a expresar algunos sentimientos personales, aunque, al empezar a publicar mi Diario el año pasado, me habÃa propuesto no meterme a crÃtico literario. Pero los sentimientos nada tienen que ver con la crÃtica, pese a que los exprese a propósito de una obra literaria. En este Diario voy anotando mis impresiones sobre los acontecimientos de actualidad que más me llaman la atención; pero, no sé por qué motivo, me he impuesto deliberadamente la obligación, totalmente arbitraria, de guardar silencio sobre mis impresiones acaso más intensas, desde el momento en que afectan a la literatura rusa. Desde luego, en el fondo de esa decisión habÃa un razonamiento justo, pero seguirlo al pie de la letra no serÃa justo, como ahora me doy cuenta, ante todo porque supondrÃa atenerse al espÃritu de la letra. Además, la obra literaria sobre la que he guardado silencio hasta ahora, a mi juicio no es sólo una obra literaria, sino más bien un hecho de una importancia muy distinta. Puede que me exprese con una ingenuidad excesiva, pero no puedo dejar de decir lo siguiente: ese hecho —mi impresión de esa novela, de esa obra ficción, de ese «poema»— coincidió en mi alma, esa primavera, con el acontecimiento capital de la declaración de la guerra en la que estamos inmersos, y ambos hechos, ambas impresiones, se relacionaron en mi cabeza, pues encontré sorprendentes puntos de contacto. En lugar de reÃros de mÃ, os ruego que me escuchéis con mayor atención.