El diario de Raskolnikov
El diario de Raskolnikov —Me han mandado venir, me han enviado una citación —dije, temblando de enojo.
Su insolente gesto me habÃa ofendido hasta tal punto, que aun ahora mismo me maravillo.
—Éste es el estudiante al que le reclaman dinero —explicóle el jefe del negociado—. Acérquese usted más —dijome luego, y tendiéndome un papel, me indicó en él un punto.— AhÃ..., lea usted eso.
—¿Dinero? —preguntóme—. Entonces no se trata de lo otro.
—¿A qué hora le han entregado a usted la citación? —gritó el oficial, cada vez de peor humor—. La citación es para las nueve, y son ya las once dadas.
—La citación me la acaban de entregar hace un cuarto de hora —contestóle yo, alzando la voz—. Ya pueden ustedes estimarme mucho el que estando con fiebre, como estoy, haya venido, sin embargo... Han debido enviarme la citación con más tiempo por delante. Ustedes ponen aquà a las nueve, y yo he recibido la citación a las once o poco menos.
—¡Señor, no grite usted de ese modo!