El doble
El doble Ahí el señor Goliadkin se detuvo y notó que estaba lanzando su conocida, terrible y desafiante mirada al retrato grabado del bufón Balakírev24 que colgaba en su habitación, encima de la cama. Pero Balakírev se limitaba a enseñar los dientes mientras contemplaba al señor Goliadkin. Turbado, nuestro héroe miró alrededor y solo entonces advirtió que ya hacía largo tiempo que había vuelto a su habitación, cosa en la que al principio no había reparado en absoluto, sumido como estaba en sus pensamientos… Escupiendo con enfado, se quitó el capote y todo lo que era innecesario para estar en casa, se sentó a la mesa, tomó la pluma y, enseguida, garrapateó las siguientes dos epístolas: una a Vajraméiev y la otra al innoble señor Goliadkin menor. La carta a Vajraméiev decía así:
Muy señor mío, Néstor Ignátievich: