El doble

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–¡No necesito nada, nada, amigo! Lo haré solo, lo haré todo solo. Por ahora no me haces falta, y, además, puede que el asunto se arregle –murmuró el señor Goliadkin a Petrushka al tropezar con él en la escalera; después, salió corriendo al patio y, luego, a la calle; tenía el corazón en vilo; no sabía aún qué decisión tomar… cómo obrar, qué hacer, cómo proceder en su crítica situación actual…–. Porque esa es la cuestión: ¿cómo proceder, santo Dios? Y ¡vaya falta que hacía todo esto! –gritó al fin desesperado, cojeando por la calle a donde lo llevara el viento–. ¡Vaya falta que hacía todo esto! Porque si esto, precisamente esto no hubiera pasado, todo se arreglaría de una vez, de golpe, de un golpe hábil, enérgico y firme. ¡Que me corten un dedo si no se arreglaría! E incluso sé de qué modo preciso se arreglaría. Todo sucedería así: yo agarraría y en fin… le diría que esto y lo otro, que a mí, muy señor mío, dicho sea con su permiso, no me va ni me viene; que las cosas no se hacen así; que las cosas, señor, muy señor mío, no se hacen así, con la impostura no se nos engaña; el impostor, muy señor mío, es un hombre ejem… despreciable, que no aporta ningún beneficio a la patria. ¿Lo comprende usted? ¿Lo comprende usted, muy señor mío? Así es como sucedería… Pero no, qué va… No es en absoluto así, no es en absoluto así… ¡No hago más que mentir, tonto de remate! ¡Vaya suicida que soy! Eres todo un suicida, te digo, la cosa no es así… Y, sin embargo, ¡ahí tienes cómo suceden ahora las cosas, hombre depravado!… A ver, ¿adónde me meto ahora? A ver, ¿qué voy a hacer ahora, por ejemplo, conmigo mismo? A ver, ¿para qué sirvo ahora? A ver, ¿para qué sirves ahora, por ejemplo, pedazo de Goliadkin, pedazo de indigno? A ver, ¿y ahora qué? Hay que alquilar un coche; ve y consíguele un coche, porque si no nos mojaremos los piececitos… Vaya, ¿quién lo hubiera imaginado? ¡Ay, señorita, ay, señora mía! ¡Vaya una doncella de buena conducta! ¡Ay, alabada nuestra! ¡Se ha distinguido, señora, se ha distinguido, ni que decir tiene!… Todo eso es por culpa de una educación inmoral; ahora que he examinado y comprendido el fondo del asunto veo que no puede más que provenir de la inmoralidad. Si desde niña la hubieran… azotado alguna que otra vez… pero no, ellos le dan todo el día bombones, la llenan de toda clase de dulces, y hasta el vejestorio llora por ella y le dice que eres mi esto y lo otro, mi cosita linda, te casaremos con un conde, excelencia mía… Y ¡así les ha salido la excelencia! Eres nuestra tal y nuestra cual, y ahora ella nos ha mostrado sus cartas, como diciendo: «¡Aquí tienen mi jugada!». Si desde niña la hubieran criado en casa… pero no, ellos la enviaron al internado, a casa de madame la francesa, a casa de la emigrante Falbalá o algo así; y en casa de la emigrante Falbalá sí que aprendió muchas cosas buenas… y así es como terminó saliendo todo. ¡Venga y alégrese!, me dice. Que la espere con un coche a tal hora bajo las ventanas y que le cante en español una sentida romanza; lo esperaré, y sé que me ama, y huiremos juntos, y viviremos en una cabaña; y en cuanto a usted, señor mío, ¡trabajará como jefe de despacho! Sí, pero, a fin de cuentas, eso es imposible; eso, señora mía –ya que estamos– no se puede. ¡Las leyes prohíben raptar a una honrada e inocente doncella de casa de sus padres sin la autorización de estos! Y, a fin de cuentas, ¿por qué, para qué, qué necesidad hay? Bueno, si se hubiera casado con quien corresponde, con quien hubiera elegido el destino, sería caso cerrado. Pero yo soy empleado público y puedo perder mi puesto por una cosa así. ¡Yo, señora mía, puedo ir a juicio por una cosa así! ¡Eso es! Por si no lo sabía. Y ¡yo sé todo esto, lo he comprendido todo! ¡Sé de dónde viene todo, quién está detrás de esto! Esto es obra de la alemana. Esa bruja es el origen de todo, ella es la que encendió la mecha. Porque han calumniado a un hombre, porque han montado contra él un comadreo, una mentira descarada a instancias de Andréi Filíppovich… ¡De ahí viene todo! Si no, ¿por qué Petrushka se habría involucrado? ¿A él qué le importa? ¿Qué necesidad tenía el granuja? No, no puedo, señora, de ninguna manera, por nada del mundo… Usted, señora, esta vez tendrá que disculparme de algún modo. Es usted la causa de todo, señora, no la alemana, no aquella bruja, sino únicamente usted, porque la bruja es una buena mujer, porque la bruja no tiene culpa alguna, mientras que usted, señora mía, sí tiene la culpa… ¡Eso es! Usted, señora, me acusa sin razón… Aquí hay un hombre que va a la ruina, aquí hay un hombre que se pierde y no puede evitarlo… ¡Qué boda ni boda! Y ¿cómo terminará todo esto? ¿Cómo se arreglará y terminará todo esto ahora? ¡Daría lo que no tengo por averiguarlo!…


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