El doble
El doble El señor Goliadkin no llegó a casa, sino que, tras atravesar el puente Semiónovski, ordenó girar en un pasaje y se detuvo en una taberna de aspecto bastante modesto. Nuestro héroe salió del coche, pagó al cochero y de ese modo se liberó al fin de su coche. A Petrushka le ordenó volver a casa y esperar su regreso. Luego entró en la taberna, solicitó un reservado y pidió que le trajeran de comer. Se sentía muy mal, su cabeza era puro caos y confusión. Mucho rato estuvo yendo y viniendo, agitado, por el reservado; finalmente, se sentó a la mesa, apoyó la frente en las manos y, reuniendo todas sus fuerzas, se dispuso a analizar y resolver algunas cosas respecto a su situación actual…