El idiota
El idiota —Suele decirse en un sentido ordinario. Se me figura que se propone hablar mañana asà toda la velada. Le aconsejo que hojee un poco más el diccionario de caló; obtendrá usted de ese modo un éxito definitivo. La única lástima es que sepa usted presentarse correctamente. ¿Dónde lo ha aprendido? ¿Sabe usted coger y tomar con corrección un vaso de té cuando todas las miradas se fijan en usted para ver cómo lo hace?
—Creo que sabré.
—Lo siento, porque me habrÃa divertido verlo cometer torpezas. Por lo menos, procure romper el jarrón de la sala. Vale bastante… ¡Rómpalo, se lo ruego! Es un regalo. Mamá se deshará en llanto delante de todos. Haga usted uno de sus ademanes habituales, descargue un buen puñetazo y rompa el jarrón. Para ello siéntese adrede junto a él.
—Por el contrario, me sentaré lo más lejos posible. Celebro que me haya prevenido.
—De modo que tiene miedo de empezar a accionar como siempre… Apuesto también a que se propone tratar algún tema serio, cientÃfico, trascendental. ¡Será correctÃsimo!
—Temo obrar torpemente, si no me orienta.