El idiota
El idiota —Yo he sido el culpable, y sólo yo… Sólo hice eso movido por una agradable curiosidad… y el difunto —Lebediev se obstinaba en enterrar al general prematuramente— era un hombre de verdadero genio…
InsistÃa con especial seriedad sobre el genio de Ardalion Alejandrovich, como si ello en tales circunstancias pudiese ser de alguna utilidad. Viendo las sinceras lágrimas de Lebediev, Nina Alejandrovna concluyó por decirle:
—¡Dios le asista! No llore más. ¡Dios le perdone!