El idiota
El idiota Aglaya se ruborizó. Quizás el hecho de encontrarse con «aquella mujer» en la casa de «aquella otra mujer» le pareciera de improviso tan extraño, tan inverosÃmil, que necesitase, por decirlo asÃ, la respuesta de su interlocutora. Apenas su antagonista abrió la boca, un estremecimiento recorrió el cuerpo de la visitante. «Aquella mujer» lo notó perfectamente.
—Usted lo comprende todo, aunque finge a propósito no comprenderlo —dijo Aglaya, bajando la voz todavÃa más y mirando al suelo con aire sombrÃo.
—¿Por qué habÃa yo de hacer semejante cosa? —repuso Nastasia Filipovna, con leve sonrisa.
La contestación de Aglaya fue torpe y por demás grotesca.
—Quiere usted abusar de mi situación, de mi presencia en su casa…
—Si se halla en tal situación, la culpa es suya y no mÃa —respondió con violencia Nastasia Filipovna. No soy yo quien ha solicitado esta entrevista, sino usted. Y hasta ahora ignoro con qué objeto.
Aglaya alzó la cabeza y adoptó un talante altivo.
—Refrene la lengua. Usted sabe manejar esa arma mejor que yo y no me propongo mantener con usted un combate de ese género.