El idiota
El idiota —Desde ahora, yo no lo consideraré nunca de tal modo —dijo Michkin—. No hace mucho le juzgaba un malvado, y sus palabras presentes me producen una gran alegrÃa. Esto es una lección, e indica que no se puede juzgar con ligereza. Ya veo, Gabriel Ardalionovich, que usted, lejos de ser un malvado, no puede ser considerado ni aun como un hombre muy corrompido. Mi opinión es que usted es una de las personas más corrientes que existen. Si por algo se distingue, es por una gran flaqueza de carácter y por una falta absoluta de originalidad.
Gania sonrió para sÃ, con sarcasmo, pero no habló. Michkin comprendió que su opinión habÃa desagradado a su interlocutor y calló también, confuso.
—¿Le ha pedido dinero mi padre? —interrogó Gania de repente.
—No.