El idiota
El idiota —Ya veo que, encontrándose acorralado, le da a usted vergüenza contar sus malas acciones y quiere mezclar al prÃncipe en el asunto. Tiene usted la suerte de que el prÃncipe es un hombre de buen carácter, porque si no… —dijo, secamente DarÃa Alexievna.
—Ferdychenko, —continuó la dueña de la casa, con su irritación—, cuente de una vez, o cállese y quédese con sus secretos. ¡HarÃa usted perder la paciencia a un santo!