El idiota
El idiota Lebediev se detuvo a tres pasos de la mesa. Katia y Pacha, las dos doncellas, miraban, con inquietud y alarma, por entre las cortinas.
Nastasia Filipovna contempló a Rogochin con curiosidad.
—¿Qué es esto? —preguntó señalando el paquete.
—Los cien mil rublos —contestó él, casi en un cuchicheo.
—¡Ha cumplido su palabra! ¡Qué hombre! Siéntese en esta silla, se lo ruego. Ya hablaremos después. ¿Quiénes son ésos? ¿Sus compañeros de antes? Que entren, que se sienten. Pueden acomodarse en ese diván. Y en este otro. Y ahà tienen dos sillones. ¿Por qué no quieren? ¿Qué les pasa?