El idiota
El idiota —Es posible, en efecto, que no la quisiera —repuso el bufón—. Pero hay alguien que sà la querrÃa: el prÃncipe. No hace usted más que lamentarse; pero mire al prÃncipe… Hace rato que le estoy observando.
Nastasia Filipovna se volvió al joven con curiosidad.
—¿Es cierto? —preguntó.
—Sà —dijo él, en voz baja.
—¿Me querrÃa usted asÃ, sin nada?
—SÃ, Nastasia Filipovna.
—¡Hola! —exclamó el general—. ¡Un nuevo incidente! Era de esperar.
Michkin fijó una mirada triste, penetrante y severa, sobre Nastasia Filipovna, que seguÃa examinándole.
—¡Mira lo que he encontrado! —dijo ella, dirigiéndose otra vez a DarÃa Alexievna—. Un bienhechor, y que habla de todo corazón lo sé. Pero es posible que acierten los que dicen que… que no es un hombre corriente. ¿De qué vivirÃas, prÃncipe, si estuvieras lo bastante enamorado para casarte con la amante de Rogochin?
—Casándome con usted, Nastasia Filipovna, me casarÃa con una mujer honrada y no con la amante de Rogochin —repuso Michkin.
—¿Acaso soy honrada?
—SÃ.