El idiota
El idiota —¡Oh, señora! —clamó una vez más Lebediev.
E hizo un movimiento hacia la chimenea. Rogochin le rechazó rudamente.
Toda la vida de Parfen Semenovich parecÃa haberse concentrado en sus ojos, que no separaba de Nastasia Filipovna. Estaba ebrio de éxtasis; se sentÃa en el séptimo cielo.
—¿Qué le parece? —gritaba sin cesar dirigiéndose al que tenÃa más cerca—. ¡Esto es estilo! ¿Quién de ustedes harÃa lo mismo, granujas? ¡Es una verdadera reina!
El prÃncipe contemplaba la escena en silencio, con los ojos tristes.
—Denme nada más que un millar de rublos y sacaré el paquete con los dientes —declaró Ferdychenko.
—¡También yo sabrÃa sacarlo con los dientes! —gritó el señor forzudo en un paroxismo de desesperación—. ¡El diablo me lleve! ¡Está ardiendo, todo se quema! —añadió viendo elevarse la llama.
—¡Se quema, se quema! —gritaron todos a una, precipitándose en su mayorÃa hacia la chimenea.
—No andes con cumplidos, Gania. Te lo digo por última vez.
Ferdychenko, fuera de sÃ, se acercó al joven y le tiró de una manga.
—¡Anda, fanfarrón! —le increpó—. ¿No ves que se quema, maaal… dito?