El idiota
El idiota Tras el cambio de las usuales cortesÃas, los dos hombres se apretaron la mano, a la vez que cada uno fijaba en el rostro del otro una mirada tan rápida como penetrante. La conversación se hizo general. Michkin, cuya curiosidad estaba muy agudizada, se fijaba en todo y acaso imaginase ver cosas que no existieran realmente. Notó que el traje civil de Radomsky causaba a toda la reunión un asombro extraordinario, hasta el punto de hacer olvidar de momento todo lo demás. Dijérase que aquel cambio de atavÃo constituÃa un hecho de excepcional importancia. Adelaida y Alejandra miraban con estupefacción a Radomsky. El prÃncipe Ch., pariente del joven, parecÃa muy inquieto. Ivan Fedorovich hablaba con cierta agitación. Sólo Aglaya permaneció impasible, limitándose a mirar por un instante a Eugenio Pavlovich con la mera curiosidad de ver si vestÃa de uniforme o no. Luego volvió la cabeza y dejó de dedicarle atención. Lisaveta Prokofievna se abstuvo de toda pregunta, aunque no dejase de sentir cierta inquietud. El prÃncipe creyó notar que Eugenio Pavlovich no gozaba de las simpatÃas de la generala.