El idiota
El idiota —Me ha dejado sorprendido, trastornado… —decÃa Ivan Fedorovich en contestación a todas las preguntas acerca de Radomsky—. Cuando le encontré en San Petersburgo no quise creerlo. ¿Por qué ha hecho eso tan de repente? Eso es lo extraño. Eugenio Pavlovich ha sido siempre el primero en decir que en estos casos no hay por qué obrar atropelladamente…
Radomsky recordó a los reunidos que hacÃa tiempo que albergaba la intención de pedir el retiro. Era verdad; pero como siempre que lo decÃa parecÃa hablar en broma, no le creÃan nunca y ahora la decisión les parecÃa mucho más seria. Por otra parte, Radomsky hablaba siempre de las cosas más graves con un aire tan burlón, que nunca se sabÃa a qué atenerse con él, sobre todo si se empeñaba en conseguir aquel efecto.
—Renuncio al servicio provisionalmente; a lo más por unos meses —dijo, riendo.
—Pero, que yo sepa, no tenÃa usted necesidad alguna de retirarse —repuso el general, con animación.
—¿Y la necesidad de visitar mis propiedades? Usted mismo me lo aconsejó. Además, quiero irme al extranjero…