El idiota
El idiota —¿Por qué no hablar al prÃncipe de esos hombres que le esperan? —dijo Vera, con impaciencia, dirigiéndose a su padre—. Si no se les anuncia, entrarán de todos modos. Ya empiezan a alborotar. León Nicolaievich —agregó, hablando a Michkin que ya habÃa cogido su sombrero—, hay ahà cuatro hombres que desean verle desde hace rato. Papá no quiere recibirles y no hacen más que renegar.
—¿Quiénes son? —inquirió Michkin.
—Dicen que vienen a hablarle de negocios; pero si no se les deja pasar son capaces de pararle en plena calle. Vale más que los reciba, León Nicolaievich. Asà quedará tranquilo después. Grabiel Ardalionovich y Ptitzin están tratando de hacerles entrar en razón, pero inútilmente, pues ellos no quieren hacerles caso.
—¡Es el hijo de Pavlitchev, el hijo de Pavlitchev! ¡Pero no vale la pena de preocuparse, no vale la pena…! —dijo Lebediev, agitando las manos—. No hay por qué hacerles caso. SerÃa molesto para usted, ilustrÃsimo prÃncipe; le desagradarÃa. ¡Eso es! No merecen que se les escuche.
—¡Dios mÃo! —exclamó Michkin, muy turbado—; ¡el hijo de Pavlitchev! Ya, ya… Pero yo habÃa encargado de ese asunto a Gabriel Ardalionovich. Y acaba de decirme…