El idiota
El idiota —Desde hace poco tiempo, lo está. Su hermana le ha abierto el camino durante todo el invierno mediante un trabajo de zapa…
—No lo creo —repuso Michkin, tras unos momentos de reflexión—. De ser asÃ, lo sabrÃa yo.
—¿Te figuras que él hubiese venido a confesártelo llorando y estrechándote contra su corazón? ¡Qué inocente eres! Todos te engañan como… como… ¿No te da vergüenza confiar en él? Ya veo que se ha burlado de ti como ha querido.
—Sé que a veces me engaña a medias —dijo Michkin, en voz baja y como a su pesar—, y él no ignora que lo sé… —añadió, interrumpiéndose bruscamente.
—¿De modo que lo sabes y esperabas, sin embargo, que te hiciese confidencias? ¡No faltaba más! Claro que en ti todo es natural. ¿Cómo puede extrañarme nada? ¡Vamos! ¿Y sabes que ese Gania o esa Varia la han puesto en relación con Nastasia Filipovna?
—¿A quién?
—A Aglaya.
—¡No lo creo! ¡No es posible! ¿Para qué?
Y se levantó precipitadamente.