El idiota
El idiota —¡Dos palabras! —cuchicheó otra voz al oído de Michkin, mientras otro brazo se deslizaba bajo el que el príncipe conservaba libre.
Michkin distinguió, con sorpresa, un rostro muy encarnado, que reía y guiñaba los ojos bajo una despeinada masa de cabellos. Reconoció en el acto a Ferdychenko, el bufón, que surgía ahora de nuevo, Dios sabía de dónde.
—¿Recuerda usted a Ferdychenko?
—¿De dónde sale usted? —dijo el príncipe, extrañado.
—¡Se ha arrepentido! —clamó Keller, acercándose—. Estaba escondido y no quería presentarse ante usted. Pero se reconoce culpable y se arrepiente.
—¿Culpable? ¿De qué?
—Yo soy quien le he encontrado, príncipe; yo quien le he traído… Es uno de mis mejores amigos. ¡Y se arrepiente!
—Mucho gusto, señores… Siéntense con los demás… Ahora mismo estoy con ustedes —dijo Michkin, deseoso de librarse de ellos para hablar a solas con Radomsky.