El idiota
El idiota —Realmente uno se divierte mucho en su casa, prÃncipe —empezó Eugenio Pavlovich cuando quedaron solos y aparte—. He pasado media hora muy grata aguardándole. Lo que querÃa decirle, León Nicolaievich, es que he arreglado el asunto de Kurmichev, y por ello he venido a tranquilizarle. No se preocupe por nada. Kurmichev toma la cosa razonablemente…, aparte que, a mi juicio, empieza por no tener razón.
—¿A qué Kurmichev se refiere?
—A aquel oficial a quien antes sujetó, los brazos. Estaba tan furioso que querÃa enviarle los testigos mañana mismo, prÃncipe.
—¡Qué sandez!
—Una sandez era, sin duda, y como tal habrÃa terminado; pero hay personas que…
—¿No le trae a usted otro motivo, Eugenio Pavlovich?