El idiota
El idiota —En nuestra patria, como en Europa, terribles y generales hambres visitan la humanidad a épocas fijas. A lo que puedo recordar, ahora no se presentan sino cada cuarto de siglo, o, en otros términos, una vez cada veinticinco años. No discuto la exactitud absoluta de la cifra: lo esencial es que esas hambres son relativamente raras…
—¿Relativamente, a qué?
—A las del siglo doce y a los anteriores y posteriores a él. Porque entonces, según aseguran los historiadores, las grandes escaseces sobrevenÃan cada dos o tres años, hasta el punto de que, dado tal estado de cosas, el hombre solÃa recurrir hasta la antropofagia, si bien, eso es cierto, a escondidas. Pues bien, uno de esos canÃbales, al llegar a una edad avanzada, declaró espontáneamente y sin que le obligasen, que en el curso de su larga y mÃsera vida habÃa personalmente dado muerte y devorado en el más profundo secreto a sesenta monjes y a algunos niños seglares. El número de éstos no pasaba de seis, es decir, que resultaba insignificante en comparación al enorme número de eclesiásticos consumidos por aquel hombre. Respecto a los adultos seglares, se supo que no los tocaba jamás.