El idiota
El idiota —Acaso pueda ser asÃ, en efecto —logró articular Michkin, cuyo corazón latÃa con extraordinaria violencia.
—Ya sabÃa yo que usted me comprenderÃa —dijo ella con gravedad—. El prÃncipe Ch. y Eugenio Pavlovich no entienden una palabra respecto a esas dos inteligencias. Alejandra tampoco. Y en cambio (¡pásmese!) mamá sÃ.
—Usted se parece mucho a Lisaveta Prokofievna.
—¿Es posible? —exclamó, con extrañeza, la joven.
—Se lo aseguro.
—Gracias —repuso ella, tras un momento de reflexión—. Me agrada mucho parecerme a maman. ¿La aprecia usted mucho? —añadió, sin reparar en la ingenuidad de la pregunta.
—Mucho, y me alegro de que lo haya comprendido usted tan pronto.