El idiota
El idiota —Nada de eso.
—Es lástima. Yo le creÃa muy instruido. ¿Cómo se me habrá puesto esa idea en la cabeza? Pero no importa: usted me guiará, ya que le he elegido.
—¡Pero eso es absurdo, Aglaya Ivanovna!
—¡Quiero huir de casa! ¡Lo quiero! —replicó ella con vehemencia, relampagueantes los ojos—. Si no consiente en eso, me casaré con Gabriel Ardalionovich. No quiero que en casa me consideren una mala mujer y me acusen de Dios sabe qué cosas…
—¡Está usted loca! —exclamó Michkin, a quien, en su emoción, le faltó poco para dar un salto—. ¿De qué le acusan? ¿Quién le acusa?
—Todos: mi madre, mis hermanos, mi padre, el prÃncipe Ch… ¡Hasta ese odioso Kolia! Si no lo dicen francamente, al menos lo piensan. Y yo lo he dicho asà a todos, lo he declarado en la cara a mi padre y a mi madre. Maman ha estado mala todo el dÃa; al siguiente Alejandra y papá me dijeron que yo no sabÃa el significado de las palabras que empleaba. Le contesté que lo comprendÃa muy bien y que no era ninguna niña pequeña. Y añadÃ: «Hace dos años ya que leà dos novelas de Paul de Kock, precisamente para comprenderlo todo». Maman, al oÃr esto, estuvo a punto de desmayarse.