El idiota
El idiota —No. No quiero más que dejarle confuso y ver la cara que pone. De la expresión del rostro se pueden deducir muchas cosas, ilustre prÃncipe, y con más motivo en un hombre como él. Por grande que sea mi disgusto presente, no renuncio a pensar en mi amigo y en el modo de reformar sus costumbres. He de pedirle un gran favor, apreciadÃsimo prÃncipe: confieso que por ello más que por nada he entrado a molestarle. Usted conoce a la familia Ivolguin, y hasta ha vivido en su casa. Si usted consintiera, excelentÃsimo prÃncipe, en acudir en mi ayuda, en interés del propio general, por su bien…
Y Lebediev juntó las manos.
—¿Qué ayuda espera usted de m� Tenga la certeza de que ardo en deseos de comprenderle bien, Lebediev.
—Precisamente porque tengo esa convicción he venido a importunarle. PodrÃamos obrar por intermedio de Nina Alejandrovna, y asà cabrÃa vigilar a Su Excelencia en el seno de su propia familia. Desgraciadamente, yo no estoy en relación… Además, Nicolás Ardalionovich, que le adora con todo el entusiasmo de su juvenil corazón, podrÃa ayudar…
—No lo quiera Dios… ¡Mezclar a Nina Alejandrovna en este asunto! Y a Kolia tampoco. Además, acaso no le haya comprendido bien, todavÃa, Lebediev.