El idiota
El idiota —¿Es posible que no lo sepas? —exclamó Varia.
—¿De modo que es cierto que se ha presentado allÃ? —vociferó Gania, rojo de vergüenza y de ira—. ¡Dios mÃo! Tú vienes de aquella casa; ¿te han dicho algo? ¿Ha ido el viejo allÃ? ¿Sà o no?
Mientras hablaba se precipitó hacia la puerta. Varia corrió hacia él y le sujetó por los brazos.
—¿Qué haces? ¿Adónde vas? —le reprochó—. Si le echas ahora, hará cosas peores. No dejará una sola casa conocida por visitar.
—¿Qué fue a hacer allá? ¿Qué dijo?
—No han sabido explicármelo. No le comprendieron. Pero asustó a todos. QuerÃa ver a Ivan Fedorovich y, como éste se hallaba ausente, preguntó por Lisaveta Prokofievna. Primero le suplicó que le procurase un empleo, que le ayudase a reingresar en el servicio… Luego se deshizo en recriminaciones. Se quejó de mÃ, de mi marido, de ti en especial… Un escándalo…
—¿No sabes lo que ha dicho concretamente? —inquirió Gania, con los nervios en una tensión insoportable, temblando de pies a cabeza, cual en un acceso histérico.
—¿Qué va a decir? Es posible que ni él mismo lo supiera… Y también cabe que ellas no me lo contasen todo.