El idiota
El idiota Gania, oprimiéndose la cabeza entre las manos, se acercó a una ventana. Varia se sentó junto a otra.
—Esa absurda de Aglaya —añadió repentinamente— me paró cuando me iba y me dijo: «Transmita a su familia la seguridad de mi personal estimación. Uno de estos dÃas procuraré ir a visitar a su papá». Lo dijo con un tono muy serio. Es realmente extraño…
—¿No se burlaba? ¿Estás cierta de que no se trataba de una burla?
—No. Y eso es lo más raro de todo.
—¿Conoce la hazaña del viejo o no? ¿Qué te parece?
—Para mà es indudable que en aquella casa lo ignoran. Pero ahora me das que pensar… Acaso Aglaya lo sepa. En todo caso, debe ser ella sola, porque sus hermanas han quedado muy sorprendidas cuando la han oÃdo darme tan seriamente recuerdos para papá. ¿Por qué habrá pensado precisamente en él? Si conoce el caso, lo conoce por el prÃncipe.
—No hace falta ser muy inteligente para adivinarlo… ¡Un ladrón! ¡Eso nos faltaba! Un ladrón en la casa. ¡Y el cabeza de familia!