El idiota
El idiota —Vamos, déjate de eso —repuso Varia con energÃa—. Todo ello es una historia de borrachos y nada más. ¿Quién ha concebido tal cosa? Lebediev y el prÃncipe. Personas de un cerebro muy despejado, ¿no? Yo no doy a semejante historia más importancia de la que tiene.
—El viejo es un ladrón y un borracho —insistió Gania, con amargura—; yo, un mendigo; el marido de mi hermana, un usurero… ¡Era una perspectiva tentadora para Aglaya! ¡En qué magnÃfica familia iba a entrar!
—Ese marido de tu hermana, ese usurero, te…
—Mantiene, ¿verdad? No andes con cumplidos, te lo ruego.
—No te pongas asà —contestó Varia—. Tienes el espÃritu de un colegial. ¿Crees que todo eso podÃa perjudicarte ante Aglaya? No conoces su carácter: serÃa capaz de rehusar el más espléndido partido para huir con un miserable estudiante que no pudiese ofrecerle más que hambre y un desván. ¡Ése es su ideal! Nunca llegarás a comprender lo mucho que le hubieras interesado de haber sabido aceptar nuestra posición con orgullo y energÃa. El prÃncipe le ha gustado, en primer lugar, porque no se ha preocupado de hacerle el amor, y en segundo, porque todos le tienen por idiota. El solo hecho de que esa boda disguste a su familia, basta para que le encante a ella. ¡No entiendes nada!